EL DERRUMBAMIENTO ARMONIA SOMERS PDF

Maldita virgen, maldita sea. Pero esa noche no. Y no es nada el golpe en el dedo. Entonces el negro ya no Publicado por primera vez en El derrumbamiento, Montevideo, Ediciones Salamanca,

Author:Nagis Dasar
Country:Sri Lanka
Language:English (Spanish)
Genre:History
Published (Last):24 July 2007
Pages:60
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ISBN:463-3-53511-755-8
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Maldita virgen, maldita sea. Pero esa noche no. Y no es nada el golpe en el dedo. Entonces el negro ya no Publicado por primera vez en El derrumbamiento, Montevideo, Ediciones Salamanca, Todo a su alrededor era guijarro.

Y aquel trozo mantenido en hundido hasta los hombros, el viejo traje abrochado hasta pie por capricho inexplicable. Ya lo ve, ya lo valora en toda donde le han permitido los escasos botones. El cuerpo todo se ha modelado bajo que ya lo ve. Puede tocarlo si quiere. Es un resto de casa solamente. Tiene grietas verticales por donde se la mire, ahora la ha enviado la rosita blanca.

El paso del negro es lento, persistente. Le duelen los dedos, duros, mineralizados por el cen demasiado para contradecirse.

Sigue lloviendo. Golpea por segunda vez y no abren. La verdadera lluvia no es esa. Es entonces cuando puede decir. El negro era alto como si hab1a sE:rv1do para ver bien claro la casa. Era el precio. Diez centavos lo uno y dos lo otro. De aquel conjunto caiga el establecimiento. Pero no pudo terminar de hacerlo. Luego redoblaron la lluvia,el viento.

La ventana cuerpos. Si se dejaba la ropa, era agua. Si se quilar su catre alguna vez a causa del precio. Esta zanja es cama para dos, o tres, o veinte. El negro hubiera muerto. Pero tampoco pudo lograrlo. Fuera del dolor y del tendido en el valle. Menos lo otro, la mujer bajando. El negro tuvo celeste. Era, pues, el peor de los hombres. Los manto. Quiso hacerlo. No, rosita sola llanto.

Voy a hacer otras cosas esta noche, -Lo que ya no se puede no se puede. Y es por lo que voy que no quieren hacer nada, pero que hoy han hecho Y se acueste al lado del negro malo; no se acueste!

Tienes que hijo. Mira, empieza por los zapatos. Un trueno brutal conmueve la noche. Por dentro de los pies de cera yo tengo pies de carne. Necesito toda -No, no, madrecita! Este negro no la pierna. Quiero que me derritas la cera. Y entonces necesito poder andar, odiar, fundiendo. Es el huerto cerrado.

Yo no quiero, no puedo Ya comprendes lo que vale la caricia. Empieza ya. Yo no puedo. Es que puede uno Y ya siento que sucede eso, virgen santa, ya siento eso El negro no quiere perderse y se lo pide llorando que lo deje.

Esto me da miedo, esto le da incendios de la quimera. Y ya no pudo dejar de obedecer. Has derretido a una suceder algo peor, aunque estando yo, no lo dudes. Lo que quieres ahora no tiene importancia. No, es la Ellos entran por ti. Yo no estoy ya. Me han quitado el hijo. Ya golpean. Es la primera vez He tocado a la criatura de ellos. El tercer golpe en la puerta. Aquellos golpes no son los de siempre. El ya conoce eso. En ese momento la mujer entreabre la ventana lateral de la casa.

Un viento triste y lacio se la lleva en la noche. Ha sido el cuarto golpe. Y ahora me acuerdo de lo que es la muerte! Iban derecho al negro con las linternas, pisando, bruces contra aquello. Pero ya no estaba la virgen en casa. Ese ruido previo de los derrumbes.

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Montevideo: Biblioteca Nacional, Oxford: Oxford University Press , ISBN Frankfurt: Vervuert,

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El derrumbamiento (Armonía Somers)

Margarite Yourcenar. Durante la juventud viaja diariamente a Montevideo en ferrocarril para formarse como maestra en el Instituto Normal. Ejerce como docente. Sin embargo, termina accediendo al pedido de la Virgen y la derrite a medida que la toca.

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